Rincón de la Identidad
José Nieto Ibáñez, el Heródoto del cine barranquillero.
Por: Jaime Colpas Gutiérrez, Magíster en historia, profesor de Uniatlántico, colpasjaime@hotmail.com
Sin duda, el “Blanco y Negro” está de moda por estos días. Ricky Martin, la estrella de la canción latina inició su gira mundial en Blanco & Negro". Silvestre Dangond y Juancho de la Espriella incluyeron su éxito "En Blanco & Negro”, entre las cien mejores canciones del género vallenato, y el historiador barranquillero Nieto Ibañez, de raíces cubanas y sabaneras, nos entrega el segundo tomo de su ciclópea investigación sobre el pretérito del cine local, intitulada: “Barranquilla en Blanco & Negro, la historia de la ciudad a través del cine”. Editado por Mejoras, cuyo contenido completa el anterior volumen que salió en julio del 2005, ampliando su temática desde el capitulo 10 al 13, y de las páginas 455 a la 826, con un anexo de títulos de películas, multinacionales, proyectadas desde 1906 a 1930.
Su proyecto de describir, narrar y recopilar los principales acontecimientos sobre la llegada del cinematógrafo al puerto de Barranquilla, vía Canal de Panamá, a finales del siglo XIX; donde revive el papel pioneril del samario Ernesto Vieco Morote como introductor del cinematógrafo a Colombia, los vericuetos de la conformación de las primeras empresas cinematográficas, la construcción de salas y teatros de cine en blanco y negro, silence, y los sucesos relevantes de la expansiva urbe barranquillera (calles, personajes, protestas de comerciantes, etc.), son amplificados con su nueva cosecha, en la que reconstruye los sucesos y anécdotas cinéfilas de los principales teatros, basándose en el uso historiográfico riguroso de fuentes primarias como protocolos notariales y prensa escrita. ¡Es aquí!, donde el autor reafirma su anclaje investigativo con su silencioso obraje que, como buen minero, ha sabido olfatear, escarbar y acopiar los filones históricos para la elaboración de su obra poco estudiada.
Nieto como el más avezado detective de las novelas policíacas de Agatha Cristie, sabe que solo se le debe creer, “a los testigos verdaderos y protagonistas de los hechos”. Por ello, desde 1988, cuando empezó a visitar la sala de Prensa de la Biblioteca departamental, se sumergió la lectura y análisis de los principales periódicos de Barranquilla expansiva que pusimos al servicio de la ciudad, un año antes con el rescate de su acervo documental. Allí, descubrió, recogiendo información para la investigación del patrimonio filmico, a Floro Manco, el pionero del cine documental en Colombia, cuya biografía y periplo artístico plasmó en su primer libro, que salio a la luz pública, bajo los auspicios de la Universidad Autónoma del Caribe, en 1997.
Recuerdo la primera vez que ví a José Nieto, hace 19 años en una noche lluviosa del mes de octubre, en la calle Murillo con Cuartel, frente al teatro Cinema. Y, en medio del gentío que salía de la última función cinematográfica, el ruido de carros, buses, fritangas y rebuscadores, observé a un frondoso señor de tez blanca de aspecto boteriano con su barba blanquecina, se nos asemejó a la viva estampa del celebre autor del “Viejo y el Mar”. Iba acompañado de un perro negro, pastor alemán, paseándolo en busca de su libertad fisiológica.
Días después, visité la animada sala de prensa de la biblioteca en compañía de colega Alvaro Tirado Arciniegas. Nuevamente, lo volví a ver, ahora con mascarilla, guantes, lupa, fichas y bata, sentado, leyendo un tomo del diario El Progreso de Carlos Gastelbondo de 1910. Alvaro, allegado suyo me lo presentó y desde ese día hemos coincidido en distintas temporadas, consultando el acervo informativo, tanto en la vieja sala de Prensa como en el archivo histórico del Atlántico, desde de 1994, donde intercambiamos, sin celo profesional la información primaria: documentos y pesquisas temáticas sobre el pasado de nuestra ciudad y región. Recuerdo que en las horas de almuerzo Caribe canicular, sañliamos del archivo para devorar el sancochito de tienda en el barrio Abajo.
Pues bien, en esas jornadas de jolgorio y pasión, observé a Nieto, que se enrojecía cuando descubría un dato relevante con que luego, empezaría a armar el rompecabeza su historia del séptimo barranquillero. Con paciencia y perseverancia fue acumulando cientos de fichas, vaciando sus contenidos en sus libretas de notas, y en altas horas de la noche, en su casa de Pradomar, avanzó hacia su meta final que se ha fructificado con su segundo tomo, cuya narración, clara y acontecimental, sin alardes teóricos, hilvana como Penepole, los sucesos sobre la compañía del teatro Cisneros (1916-1922), los Di Dominicos y el teatro Colombia (1922-1929), la actividad del empresario chocano Belisario Díaz, -el Floro Manco de los cartageneros-, documentalista y empresarios de Cine en la localidad. Y, un enjambre de películas de diversidad nacional del cine mudo o silence, proyectadas en las salas y teatros de la élite social como de los sectores populares, en las tres primeras décadas del pasado siglo
En su tercer capítulo (el nº 13), el más abigarrado y denso para el lector desprevenido, el autor rescata las distintas voces de los cronistas del diarismo local como La Nación, El Derecho, El Porvenir, Diario del Comercio, El Día, El Liberal, etc., donde la pluma de estos observadores y admiradores de este vehículo de la cultura moderna, captaron las impresiones de los espectadores, opinan sobre sus gustos y preferencias, la competencia de los teatros: Cisneros, Colombia, Emiliano, Las Quinta, Barranquilla, el papel de los Di Doménicos y el empresario chocoanocartagenero Belisario Díaz, y como la penetración de la onda monopolista de Cine Colombia del país, desplazó y absorbió a estas fragiles empresas, zizageados con el viraje del cine estaudinense sobre el italiano, español y francés que deleitó al publico de los años veinte.
Algunos críticos e historiadores de celular, pregonaran en radio beba que, ‘a este texto le falta rigor teórico, que no problematiza el tema, ni que responde sus preguntas sobre el fracaso de los empresarios de cine local, las redes de circulación de las películas en el mercado regional, nacional e internacional, mopolización del cine norteamericano, la falta de innovación, etc’. Pues no, como obra pionera en su género, tiene la fortaleza de documentar de primera mano, las voces de los actores de la historia de las primeras salas de cine local, y de recoger las observaciones de discursos comerciales y el papel de los actores de la difusión y entretenimiento del séptimo arte en la localidad, preservando las fuentes primarias desde la metodología positivista. Ello le da la fortaleza heurística y perennidad a su obra, con la cual los nuevos historiadores de la cosecha que se forma en este siglo XXI, deberán planten nuevas preguntas y hallar nuevas respuestas a la historia de los teatros e influencia del cine en esta urbe. Además, José Nieto le dio un nuevo valor a las fuentes notariales, que solo eran utilizadas para el estudio de los problemas económicos y sociales, por lo que destacamos su nuevo libro que valoriza la literatura histórica de la otrora Puerta de Oro, denegándose cada vez más, aquella sentencia mitológica de Vinyes, Cepeda Samudio y García Márquez, de que “Barranquilla es una ciudad sin historia”.
Lo que le faltaba eran, verdaderos historiadores con profesionalismo, amor, vocación y productividad.
La Libertad, Barranquilla, sábado 14 de julio del 2007
jueves, julio 26, 2007
viernes, julio 13, 2007
Una visión polémica de Abraham Zacarías López-Penha
ABRAHAM ZACARIAS LOPEZ PENHA
Por Ramón Illán Bacca.
En nuestros días se ha desatado la curiosidad por la figura de este escritor, durante mucho tiempo olvidado.
De origen judío sefardita, nació en Santo Domingo el 19 de marzo de 1865, pasó su infancia en Curazao y llegó a Barranquilla en 1887.
Era hijo de Haim Lopez Penha y de Rachel Levy Maduro y fueron sus hermanos Clara, Sarah, Morris, Ester, Elías y David.
Este último era un comerciante muy destacado en la Barranquilla de finales del siglo diecinueve. El cronista Julio H. Palacio al referirse a él lo presenta como “el judío más prominente en Barranquilla en 1892, director de la Compañía Colombiana de Transportes, miembro de casi todas las juntas directivas de las sociedades anónimas y un escritor admirablemente dotado para la polémica.” Era además el cónsul honorario de Holanda. Más aún a la llegada de Fernando Lesseps a ese puerto en 1879 David López Penha fue el oferente .Más adelante compró acciones en” la compañía francesa del canal Interoceánico” que logró vender sin pérdidas.
El mismo David había traducido “Los genios” de Víctor Hugo en una edición publicada en la Imprenta americana del cónsul norteamericano en Barranquilla, Mister Elías Pellet. Sin embargo era un hombre de salud débil; por eso llegó a trabajar con él a Barranquilla, su hermano menor Abraham Zacarías.
EL JOVEN ABRAHAM
Se conocen pocas fotografías de este escritor. Se encuentran la que ilustra la noticia bibliográfica en la enciclopedia Espasa Calpe de 1917 y en donde se le califica como “Introductor del modernismo en América”, otra más, muestra una comparsa de carnaval al lado del poeta Miguel Rash Isla y por último, la de su poemario “Varios a Varios” que lo muestra con los otros autores del libro, Manuel Cervera y “El tuerto” López.
El filósofo barranquillero Julio Enrique Blanco escribió la única semblanza conocida de él y nos lo describe así: “Su estatura es baja pero su cuerpo no es gordo. Su cabeza impresiona por lo grande, bien formada. Oscuro es su pelo y negros son sus ojos. Tapados éstos con gruesas gafas velan las reconditeces de sus pensamientos e intenciones. A veces se les ve como si centellearan detrás de los cristales de las gafas. Parece bastante miope, lo que le hace desconfiado. Sin embargo es agradable en su trato, siempre que uno no se le aproxime demasiado .Es un tipo inconfundiblemente hebreo…”
Pero al joven Abraham no lo acompañó del todo la suerte a su llegada pues su poderoso hermano murió en 1893 en Ámsterdam a los 47 años de edad como cónsul de Colombia. Murió soltero y sin hijos.
Sin las dotes de su hermano para los negocios Abraham Zacarías fue librero, cacharrero, boticario y empresario de cine, actividades que solo le permitieron un mediano bienestar económico.
Otros testimonios distintos al filósofo Blanco afirman que el carácter de este escritor era especialmente difícil y por eso su poco éxito comercial. El poeta Gregorio Castañeda Aragón afirmaba que López Penha andaba con un ladrillo en el bolsillo del saco para descalabrar a quien le viera un gesto ofensivo. El mismo filosofo Blanco cuenta como don Abraham se negó a prestarle un libro porque su madre había dicho que la novela “Camila Sánchez” no le había parecido buena. Su librería muy surtida se especializó en temas ocultistas pero nunca logró concitar al mundillo literario de entonces.
EL POETA
De sus libros de poesía “Cromos” “Reflorescencias” “Sinfonía del diablo” “El libro de incoherencias” y “Varios a varios” sólo estos dos últimos han sido reeditados. Se le puede calificar de “modernista” de pétrea musa.
Sin embargo no faltan curiosidades como el hecho de que su poema “Flor de lis” tiene el mismo tema de la “Sonatina” de Rubén Darío. ¿Ecos de ese poema publicado en “Prosas profanas”? ¿Algún alegre préstamo del bardo nicaragüense como sostienen algunos críticos locales? Muchos estudiosos dicen que el tema lo tomó y enriqueció Darío.
Lo que si es cierto es la correspondencia entre él y Darío, el mayor de los poetas “modernistas”.
Pero si por un lado nuestro hombre era de difícil trato con sus colegas y con la gente corriente, otra cosa era el manejo en sus relaciones públicas. Todas sus obras están dedicadas a personalidades de la época, en su mayoría extranjeros. Así, su novela “Camila Sánchez” está dedicada al poeta español Gaspar Núñez de Arce, su otra novela “La desposada de una sombra” al filósofo Max Nordau, su poemario al senador español Ángel Pulido y su libro “Varios a varios “a don Miguel de Unamuno.
Con quien tuvo una honda amistad fue con el escritor guatemalteco Enrique Gómez Carrillo a quien alojó en su casa después del naufragio del “Amerique” donde viajaba el guatemalteco. Sin embargo a José A. Silva otro de los náufragos le dedicó sus más ásperas críticas. Así, en una entrevista dijo: “Nuestro medio costeño abierto a todos los vientos produce una literatura más varonil que los que se producen en Bogotá cerrados a toda influencia exterior del libre pensamiento. Silva el poeta más fino de habla española fue en cuanto hombre con todos sus refinamientos un afeminado. Aquí en la costa el medio es más propicio a la varonil libertad del pensamiento fuerte.”
En su momento su nombre contaba dentro de los estudios literarios. Manuel Ugarte, una voz muy autorizada, lo incluyó en su libro “La joven poesía hispanoamericana” pero pocos años después Max Henríquez Ureña en su “Breve historia del modernismo” le dedica una sola frase displicente.
EL NOVELISTA
De este autor solo es posible encontrar ahora sus novelas “Camila Sánchez” y “La desposada de una sombra”. De su “En tierra de filisteos” cuyo título sugiere un cuestionamiento a Barranquilla en esas relaciones amor – odio, no se tiene sino la noticia de su existencia. También se habla de “Innominata” una novela nunca terminada y cuyo manuscrito llevado a Curazao después de su muerte se perdió. Dejó detrás de sí una leyenda y ahora los entendidos hablan de ella como su obra cumbre. Lo que si es cierto es que en su otra novela “Camila Sánchez” hay una partitura musical con el nombre de “Innominada” ¿algún aire de época? ¿O también nuestro personaje tenía vena de compositor musical?
“La desposada de una sombra” es la novela que ha merecido algunas reflexiones. Su tema es el de una joven que rechaza los requerimientos amorosos de un joven médico porque estaba enamorada de otra persona. El problema es que esa otra persona es el mismo joven pero en su proyección ectoplasmática.
Dado ese supuesto cualquier cosa puede ocurrir.
La poca crítica de la época miró el enredo como un amor platónico y como nuestro autor era la flor d e las contradicciones –se decía masón, ateo, seguidor de Nietzsche al mismo tiempo que sionista y teósofo – en su propia novela se asusta de su propio invento y decide en un diálogo posterior darle una explicación científica al sueño de la heroína calificándolo como un simple caso de histeria.
Lope Penha trató lo imposible: fusionar el positivismo y el ocultismo. Para esas fechas donde el ocultismo, espiritismo, teosofismo eran tendencias muy cultivadas, el primero en aventurarse en expresarlo literariamente fue nuestro autor. Sería como dijo algún poeta “Una voz ronca en una persona hermosa y a su vez una advertencia”.
SU MUERTE
Las referencias a la vejez de este escritor son variadas. El bibliotecario Eduardo Pardey lo recordaba como un viejo afable que se sentaba en el sardinel a conversar con la muchachada curiosa que le hacía preguntas diversas debido a su reputación de sabio. No lo recuerda así Miguel Goenaga en sus “Lecturas locales” cuando escribió: “Encontré un hombre taciturno, enfermo atendiendo una farmacia de tercer orden, murió silenciosamente, apagado, casi solo…”
En el cementerio hebreo en Barranquilla se encuentra su tumba con una sencilla lápida que dice su nombre y la fecha de su deceso, 26 de abril de 1927.
Por Ramón Illán Bacca.
En nuestros días se ha desatado la curiosidad por la figura de este escritor, durante mucho tiempo olvidado.
De origen judío sefardita, nació en Santo Domingo el 19 de marzo de 1865, pasó su infancia en Curazao y llegó a Barranquilla en 1887.
Era hijo de Haim Lopez Penha y de Rachel Levy Maduro y fueron sus hermanos Clara, Sarah, Morris, Ester, Elías y David.
Este último era un comerciante muy destacado en la Barranquilla de finales del siglo diecinueve. El cronista Julio H. Palacio al referirse a él lo presenta como “el judío más prominente en Barranquilla en 1892, director de la Compañía Colombiana de Transportes, miembro de casi todas las juntas directivas de las sociedades anónimas y un escritor admirablemente dotado para la polémica.” Era además el cónsul honorario de Holanda. Más aún a la llegada de Fernando Lesseps a ese puerto en 1879 David López Penha fue el oferente .Más adelante compró acciones en” la compañía francesa del canal Interoceánico” que logró vender sin pérdidas.
El mismo David había traducido “Los genios” de Víctor Hugo en una edición publicada en la Imprenta americana del cónsul norteamericano en Barranquilla, Mister Elías Pellet. Sin embargo era un hombre de salud débil; por eso llegó a trabajar con él a Barranquilla, su hermano menor Abraham Zacarías.
EL JOVEN ABRAHAM
Se conocen pocas fotografías de este escritor. Se encuentran la que ilustra la noticia bibliográfica en la enciclopedia Espasa Calpe de 1917 y en donde se le califica como “Introductor del modernismo en América”, otra más, muestra una comparsa de carnaval al lado del poeta Miguel Rash Isla y por último, la de su poemario “Varios a Varios” que lo muestra con los otros autores del libro, Manuel Cervera y “El tuerto” López.
El filósofo barranquillero Julio Enrique Blanco escribió la única semblanza conocida de él y nos lo describe así: “Su estatura es baja pero su cuerpo no es gordo. Su cabeza impresiona por lo grande, bien formada. Oscuro es su pelo y negros son sus ojos. Tapados éstos con gruesas gafas velan las reconditeces de sus pensamientos e intenciones. A veces se les ve como si centellearan detrás de los cristales de las gafas. Parece bastante miope, lo que le hace desconfiado. Sin embargo es agradable en su trato, siempre que uno no se le aproxime demasiado .Es un tipo inconfundiblemente hebreo…”
Pero al joven Abraham no lo acompañó del todo la suerte a su llegada pues su poderoso hermano murió en 1893 en Ámsterdam a los 47 años de edad como cónsul de Colombia. Murió soltero y sin hijos.
Sin las dotes de su hermano para los negocios Abraham Zacarías fue librero, cacharrero, boticario y empresario de cine, actividades que solo le permitieron un mediano bienestar económico.
Otros testimonios distintos al filósofo Blanco afirman que el carácter de este escritor era especialmente difícil y por eso su poco éxito comercial. El poeta Gregorio Castañeda Aragón afirmaba que López Penha andaba con un ladrillo en el bolsillo del saco para descalabrar a quien le viera un gesto ofensivo. El mismo filosofo Blanco cuenta como don Abraham se negó a prestarle un libro porque su madre había dicho que la novela “Camila Sánchez” no le había parecido buena. Su librería muy surtida se especializó en temas ocultistas pero nunca logró concitar al mundillo literario de entonces.
EL POETA
De sus libros de poesía “Cromos” “Reflorescencias” “Sinfonía del diablo” “El libro de incoherencias” y “Varios a varios” sólo estos dos últimos han sido reeditados. Se le puede calificar de “modernista” de pétrea musa.
Sin embargo no faltan curiosidades como el hecho de que su poema “Flor de lis” tiene el mismo tema de la “Sonatina” de Rubén Darío. ¿Ecos de ese poema publicado en “Prosas profanas”? ¿Algún alegre préstamo del bardo nicaragüense como sostienen algunos críticos locales? Muchos estudiosos dicen que el tema lo tomó y enriqueció Darío.
Lo que si es cierto es la correspondencia entre él y Darío, el mayor de los poetas “modernistas”.
Pero si por un lado nuestro hombre era de difícil trato con sus colegas y con la gente corriente, otra cosa era el manejo en sus relaciones públicas. Todas sus obras están dedicadas a personalidades de la época, en su mayoría extranjeros. Así, su novela “Camila Sánchez” está dedicada al poeta español Gaspar Núñez de Arce, su otra novela “La desposada de una sombra” al filósofo Max Nordau, su poemario al senador español Ángel Pulido y su libro “Varios a varios “a don Miguel de Unamuno.
Con quien tuvo una honda amistad fue con el escritor guatemalteco Enrique Gómez Carrillo a quien alojó en su casa después del naufragio del “Amerique” donde viajaba el guatemalteco. Sin embargo a José A. Silva otro de los náufragos le dedicó sus más ásperas críticas. Así, en una entrevista dijo: “Nuestro medio costeño abierto a todos los vientos produce una literatura más varonil que los que se producen en Bogotá cerrados a toda influencia exterior del libre pensamiento. Silva el poeta más fino de habla española fue en cuanto hombre con todos sus refinamientos un afeminado. Aquí en la costa el medio es más propicio a la varonil libertad del pensamiento fuerte.”
En su momento su nombre contaba dentro de los estudios literarios. Manuel Ugarte, una voz muy autorizada, lo incluyó en su libro “La joven poesía hispanoamericana” pero pocos años después Max Henríquez Ureña en su “Breve historia del modernismo” le dedica una sola frase displicente.
EL NOVELISTA
De este autor solo es posible encontrar ahora sus novelas “Camila Sánchez” y “La desposada de una sombra”. De su “En tierra de filisteos” cuyo título sugiere un cuestionamiento a Barranquilla en esas relaciones amor – odio, no se tiene sino la noticia de su existencia. También se habla de “Innominata” una novela nunca terminada y cuyo manuscrito llevado a Curazao después de su muerte se perdió. Dejó detrás de sí una leyenda y ahora los entendidos hablan de ella como su obra cumbre. Lo que si es cierto es que en su otra novela “Camila Sánchez” hay una partitura musical con el nombre de “Innominada” ¿algún aire de época? ¿O también nuestro personaje tenía vena de compositor musical?
“La desposada de una sombra” es la novela que ha merecido algunas reflexiones. Su tema es el de una joven que rechaza los requerimientos amorosos de un joven médico porque estaba enamorada de otra persona. El problema es que esa otra persona es el mismo joven pero en su proyección ectoplasmática.
Dado ese supuesto cualquier cosa puede ocurrir.
La poca crítica de la época miró el enredo como un amor platónico y como nuestro autor era la flor d e las contradicciones –se decía masón, ateo, seguidor de Nietzsche al mismo tiempo que sionista y teósofo – en su propia novela se asusta de su propio invento y decide en un diálogo posterior darle una explicación científica al sueño de la heroína calificándolo como un simple caso de histeria.
Lope Penha trató lo imposible: fusionar el positivismo y el ocultismo. Para esas fechas donde el ocultismo, espiritismo, teosofismo eran tendencias muy cultivadas, el primero en aventurarse en expresarlo literariamente fue nuestro autor. Sería como dijo algún poeta “Una voz ronca en una persona hermosa y a su vez una advertencia”.
SU MUERTE
Las referencias a la vejez de este escritor son variadas. El bibliotecario Eduardo Pardey lo recordaba como un viejo afable que se sentaba en el sardinel a conversar con la muchachada curiosa que le hacía preguntas diversas debido a su reputación de sabio. No lo recuerda así Miguel Goenaga en sus “Lecturas locales” cuando escribió: “Encontré un hombre taciturno, enfermo atendiendo una farmacia de tercer orden, murió silenciosamente, apagado, casi solo…”
En el cementerio hebreo en Barranquilla se encuentra su tumba con una sencilla lápida que dice su nombre y la fecha de su deceso, 26 de abril de 1927.
Polémica sobre Ramón Vinyes, el Sabio Catalán
RAMÓN VINYES Y "LA MITOMANÍA" (1)
Rodolfo Insignares Del Castillo
Profesor Escuela Normal Superior La Hacienda
Barranquilla - Colombia
D esmitificar la figura de Ramón Vinyes en la cultura local es una cosa y minimizar su importancia es otra. Comenzando porque la frase acuñada por algunos historiadores para referirse a Voces, "la revista de Vinyes", no es totalmente incorrecta. Si bien es cierto que Julio Enrique Blanco y Enrique Restrepo "atendían en aquella el matiz sesudo y filosófico", según lo expresa Julio Gómez De Castro en 1926; y que en torno a ellos se agrupaban Gonzalo Carbonell, Antonio Luis McCausland y otros amantes de tales temáticas --aunque no escribiesen algo significativo en Voces--, no es menos cierto que en la práctica Vinyes fungía como su director, coordinador, editor, o como quieran llamarlo, aun cuando por razones personales o de nacionalidad no exhibiera ninguno de esos rótulos. Pero era la voz cantante en el tejemaneje, configurando globalmente la obra y preocupándose del ritmo de producción, el nivel de las publicaciones y el perfil de la tribuna. Y conste que no estamos hablando aquí de la función tipográfica, porque ése no es el asunto, y bien sabido es que Hipólito Pereira (Héctor Parias) fue el encargado de este frente hacia la época final de ese "cuaderno, simpático por su permanente inquietud y por su demoledora locuacidad"; y que Julio Gómez de Castro coordinó la composición y reproducción en la primera época y es reconocido además por "haber cristalizado la idea de la revista en el marco del palique". De allí que en justicia a Pereira y De Castro se les llame directores protocolarios.
Mas el director, coordinador o editor en ejercicio de una revista intelectual es quien busca, recibe y selecciona material idóneo; quien rastrea el recorrido de su trabajo una vez entra en circulación e incita a sus mejores aportantes a que prosigan remitiéndole y manteniendo o superando el nivel de sus escritos precedentes. La comunicación de Vinyes a Blanco, citada por Eduardo Bermúdez en su candente artículo, simplemente muestra la actitud del editor que se inquieta por saber en qué anda uno de sus colaboradores estrella; que indaga por su actual producción y hasta lo lisonjea para elevarle su autoestima --"escríbame sobre sus estudios, ya que usted es el único de todos nosotros que conserva encendida la lámpara"--. Por tanto, desconocer la importancia de Vinyes en Voces no sería un exabrupto pero sí una injusticia histórica que debemos evitar a toda costa.
Porque en el supuesto de que una nueva leyenda estuviere acunándose y amenazando con reemplazar a otra, nos preguntaríamos: ¿Sin editores de la condición de Vinyes, se darían colaboradores estrella? ¿Sin la atención e insistencia de Vinyes, se habría logrado que Blanco publicara con la asiduidad y notoriedad como lo hizo en Voces? ¿Sin la intervención de Vinyes --tal como lo relatan Julio Núñez Madachi, Germán Vargas Cantillo y Ramón Illán Bacca--, habría podido salir Blanco de la postración anímica en que lo sumieron las burlas de que fue objeto por sus artículos filosóficos? Por cierto, ¿quién le comunicó al filósofo la noticia del comentario favorable que le hizo José Ingenieros a su artículo en la revista de Buenos Aires?... Y haciendo avanzar el tiempo: ¿Sin Vinyes, GGM se habría recuperado del despiadado rechazo del crítico argentino Guillermo De Torre a su primera novela? ¿Quién le corrigió párrafo por párrafo La Hojarasca luego de esa fatídica carta en la que De Torre le aconseja al futuro Nobel olvidarse de ser escritor?
Es evidente que Voces no es solamente literaria sino también filosófica, aunque no pocos historiadores y críticos --no creo que de manera intencionada o "impune"-- hayan pasado por alto este irrebatible hecho; pero también es evidente que el trabajo literario montado y dirigido por Vinyes fue el que generó el impacto inmediato y directo en la ciudad y por eso se ha constituido en el principal atractivo de Voces más allá de su tiempo. No podría esperarse algo distinto; porque pronunciarse con nombre propio en contra de Antonio Gómez Restrepo, cuestionándole que lo llamaran El príncipe de la crítica colombiana tan sólo --según Vinyes-- por hacer crítica de obras ya criticadas cientos de veces, o contra Max Grillo, emblema del teatro nacional, o contra Tomás Carrasquilla, Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro --nuestros máximos exponentes literarios de finales del siglo XIX e inicios del XX--; y pronunciarse así en un momento político tan álgido en el que tales nombres eran reverenciados por la sociedad colombiana, no podía granjearle sino animadversiones y vituperios al catalán; los mismos que igualmente le granjearon sus traducciones de escritores ingleses y franceses de avanzada, los cuales constituían una seria amenaza para el ordenamiento imperante, recordando que para Miguel Antonio Caro y los conservadores de esos tiempos, la literatura que debía conocerse y estudiarse era la que contribuía a preservar la moral y el espíritu católico. Y muchos de tales escritores eran protestantes y/o de tendencias liberales, sin mencionar a los temidos y odiados masones. En el caso de Chesterton, el gran modelo de Vinyes, es quien inicia en Inglaterra la literatura irreverente, mordaz y satírica, enfrentando con ésta, y de algún modo resquebrajando, los sólidos esquemas victorianos. Por ende, las traducciones del catalán fueron consideradas atentatorias en dicho momento y de ahí la posición final de la Curia frente a Voces, posición que anecdótica y magistralmente registra Vargas Cantillo en su libro clásico: "Perdónenme la cobardía que me embarga y que me impide consignar el adjetivo calificador: ¡No manden más la revista!".
Por el contrario, no me atrevería a considerar tan amenazadores los aportes de Blanco y Restrepo, pues si bien éstos trabajaban pensadores franceses, alemanes e ingleses --más próximos al ateísmo--, "afortunadamente" para dicho ordenamiento aquí nadie los entendía. (Aunque hay cierto testimonio de una confrontación casi física entre los filósofos y el padre Revollo).
Pero aparte de editor y traductor, Vinyes cumplía una función pedagógica en la ciudad; tanto a través de Voces y otros medios escritos posteriores, como directamente con los jóvenes en cafeterías o librerías o en el aula. A propósito, pareciere existir un error en el recuento histórico de Vinyes en Barranquilla; desde Gilard, al menos, todos citan que el catalán dictaba clases en un colegio de señoritas. Esto habría que revisarlo con mayor cuidado, porque hemos encontrado su fotografía como profesor en los archivos de la Escuela Normal Superior La Hacienda de 1948, institución que para la época responde al nombre de Escuela Normal para Varones del Litoral Atlántico. Sucede --y creo que allí podría estribar el generalizado error si acaso lo es-- que esta última entidad, según los datos del historiador Francisco Vargas Hernández, "funcionó de 1919 a 1932 en las instalaciones ubicadas en lo que actualmente corresponde a predios del Colegio Barranquilla para Señoritas".
De cualquier manera, el descubrimiento de Vinyes en el pasado de La Hacienda nos impulsó a indagar más sobre su trabajo pedagógico y por ello los estudiantes Katia Sinning Pérez y Anderson Gómez Castellanos, del Ciclo Complementario, contactaron a un alumno suyo que nos ha informado sobre el tipo de enseñanza flexible que aquél desarrollaba y sobre otros aspectos enaltecedores de su figura como maestro, destacando, en particular, que sus pupilos se disputaban los primeros asientos del salón para escuchar mejor sus clases, situación característica que no ocurría entonces con ningún otro docente; e igualmente que su didáctica era de estilo conversatorio y sus evaluaciones bastante flexibles, en una época en donde la flexibilidad de la enseñanza en nuestro medio era apenas un rumor.
Mas esto último no sería muy nuevo, porque Alfredo De la Espriella ya ha señalado al ibérico como un "excelente profesor"; pero nos sirve lo tratado para apuntalar que además de editor o director en las sombras de la revista Voces, y de traductor e introductor de la literatura europea de vanguardia en Barranquilla y Colombia, Vinyes también debe ser reconocido y ponderado como pedagogo, función que todavía no ha sido detallada prolijamente en sus marcos formales, aunque sí con referencia el Grupo Barranquilla; porque, entre otras cosas, un políglota, fundamentado y culto personaje que orienta las lecturas de jóvenes y promueve conversaciones temáticas dentro y fuera del aula, y quien en el contexto de una escolaridad surcada por la rigidez prefiere hacer fluir en ellos el conocimiento antes que el rendimiento o la disciplina, no puede llamarse de otra manera. Que la figura de Ramón Vinyes no alcance a consolidarse como personaje en la trama de Cien años de soledad no significa nada. En diversas instancias públicas y privadas GGM ha rendido tributo a la orientación recibida del maestro, al que sin mayores pretensiones lingüísticas, pero sí metafóricas, llamó "el viejo que había leído todos los libros".
Si Julio Enrique Blanco o Enrique Restrepo sabían de filosofía y él no --como ciertamente lo confirman diversos testimonios y documentos--, no es tan relevante para eclipsar la representatividad de Vinyes en la revista de 1917/1920. De hecho, el trabajo filosófico en Voces, desde el punto de vista de la trascendencia de su contenido, no tendría incidencia alguna en la ciudad y país sino hasta los años ochenta, cuando dos jóvenes estudiantes de filosofía de la Universidad Metropolitana, Eduardo Bermúdez Barrera y Julio Núñez Madachi, por voluntad propia y con gran entusiasmo, abordan al octogenario filósofo fundador de la Universidad del Atlántico e inician así el proceso de redescubrimiento que tantos frutos ha rendido y seguirá rindiendo, especialmente con la Universidad del Norte, la Universidad del Atlántico y El Heraldo, de paso causando asombro entre no pocos especialistas nacionales y extranjeros; que Blanco debatiera y escribiera críticamente sobre Kant, Haeckel, Poincaré, Bergson, Herbart, Husserl, previa lectura en idioma original, y que intentase resolver los problemas de la filosofía de la ciencia de la época y estuviese por ello a la par de la cultura filosófica y científica europea, es un fenómeno sorprendente que obliga a recomponer la historia de la filosofía en Colombia y Latinoamérica, como ya está ocurriendo; mas no necesariamente, en procura de tal finalidad, oscureciendo los aportes de Ramón Vinyes en otros tantos frentes de la cultura y la educación.
Por ende, y aun cuando es muy saludable que se abra la polémica respecto a Voces y surjan así nuevas perspectivas en torno a este patrimonio cultural barranquillero --perspectivas que habrán de incrementarse con el correr del tiempo por la notable contribución de la Universidad del Norte al reeditar dicha revista--, recomiendo amablemente se evite la tentación de desconocer pergaminos en procura de resaltar otros, tal como le fueron desconocidos socialmente a Julio Enrique Blanco, muy a pesar de que El Heraldo y la Universidad Pontificia Bolivariana, principalmente, se constituyesen en receptores y divulgadores de su trabajo desde mediados de siglo anterior.
Si no se le debe llamar "sabio" porque no manejó la filosofía de la ciencia o porque tenía baches en la cultura científica, pues llamémoslo de otro modo y sanseacabó. Pero no considero que haya mitomanía o afirmaciones "impunes" porque no pocos historiadores se hayan dejado encandilar por una figura del género, en torno a la cual todos quienes lo conocieron coinciden en que era definitivamente magnética; tanto por la forma como socializaba sus conocimientos y por estos mismos, como por los restantes atributos de su personalidad cultural y social. Valga la pena rememorar las palabras con que Enrique Restrepo informaba sobre los motivos de su invitación a Vinyes a las tertulias en las que servía de anfitrión, desde la primera vez que lo escuchó hablar con los clientes de su librería Vinyes Auqué Ltda.; palabras que han quedado registradas para la historia y han sido publicadas en distintas fuentes.
Coincidiré, por supuesto, y porque lo he escrito también, en que la relación Vinyes/Grupo Voces no es la misma relación Vinyes Grupo Barranquilla; en que la personalidad intelectual del catalán es distinta y casi antagónica a las de Blanco y Restrepo; en que al llegar en 1914 a Barranquilla, Vinyes no era el único individuo culto en ésta y tampoco quien nos quitó el taparrabo --a pesar de lo escrito por Fray Candil--; y en que, de buena fe, o por falta de acuciosidad, los historiadores cometieron deslices asignándole a Vinyes la autoría de artículos no firmados en Voces.
Pero hay otros muchos aspectos de extraordinaria riqueza por estudiar, sin querer decir que la insistencia en el perfil filosófico de Voces no sea importante; por ejemplo, el estilo de escritura del catalán no ha sido trabajado a fondo en la ciudad, si bien se localiza con relativa facilidad buena parte de su notable volumen de producción, y por lo que, además de editor, traductor, innovador y pedagogo, también debe ser admitido entre los escritores estrella de "su" propia revista y mucho más allá de la misma; en especial identificándolo como experimentador público de la palabra escrita, un señalamiento ya establecido por el "mitómano mayor", Jacques Gilard, en atención a la diversidad de formatos con los que aquél laboraba, que podría también ser uno de los motivos de la dificultad para identificar determinados artículos suyos que aparecieron sin firma o bajo seudónimo en Voces y otros medios. (No olvidemos la inocentada aquella de Vinyes a Francisco Pardo Fuenmayor, "Paco Lince", enviándole un mensaje escrito en el que se hacía pasar por Vargas Vila, y aquél creyéndoselo).
Hasta donde mi modesta sensibilidad me lo ha permitido, este políglota, librero, dramaturgo, teatrero poco reconocido como tal en su país --a lo mejor sólo mencionado por la Enciclopedia Espasa o por la biblioteca de Barcelona que hoy lleva su nombre--, aprendió a manejar como maestro el esquema de las "dos lenguas", es decir, a escribir simultáneamente con dos sentidos diferentes para darle contentillo a unos y a otros cuando la ocasión lo ameritaba o se veía forzado, pretendiendo, de esta forma, no comprometerse tan peligrosamente como lo hizo durante su primera y conflictiva época en Barranquilla, ciudad de la que saldría disparado hacia España por el calificativo de "extranjero indeseable" que le endilgó el gobierno local, o por el incendio aparentemente accidental de su librería, o por los amagos de tragedia que ya se insinuaban y los cuales cristalizaron en octubre 15 de 1925 con el asesinato de Pedro Pastor Consuegra a manos de Héctor Parias en el teatro Cisneros.
Por cierto, recordaremos que mientras Julio Enrique Blanco se refugiaba en sus negocios de familia y con justificada razón iba fraguando el concepto y la actitud del "intelectual solitario"; y que mientras Enrique Restrepo preparaba maletas para largarse de ésta y no regresar jamás, Ramón Vinyes soportó con mayor rigor el encono generado por su osadía cultural. Pero aún así, siguió insistiendo en su función comunitaria, contestataria, pues al año siguiente del fallecimiento de Voces, reaparecería en el diario La Nación junto con Clemente Manuel Zabala y otros bajo la combativa bandera enarbolada por Pedro Pastor Consuegra. En dicha tribuna insistiría y contribuiría con sus aportes a la renovación intelectual del periodismo local y nacional, tal como de modo amplio y detallado lo expone Julio Núñez Madachi en "Periodismo y modernidad en la Costa Atlántica".
Y regresando al pintoresco asunto de las "dos lenguas", ya para finalizar lo presente, recogeremos la respuesta dada por Vinyes a la solicitud de opinión que le fue cursada sobre la propuesta de Luis Felipe Pineda de coronar al poeta Miguel Moreno De Alba. Al respecto escribe el ibérico: "Adalberto Del Castillo glosa la idea y pide concepto a sus camaradas del equipo intelectual de la ciudad. Por hallarme ahora entre los camaradas del equipo --esta vez juego en el centro--, no me inhibo de dar la opinión que se me pide ...". Y concluye manifestando que el mejor homenaje que se le puede hacer al poeta Moreno de Alba es editarle, por cuenta de la administración departamental, su amplia y dispersa producción.
Pero en particular, la idea precedente, cuando en su columna de El Heraldo, "Reloj de Torre", se refiere a los 15 años de vida de la revista Civilización en 1950 tal como se reproduce e ilustra en Cátedra GGM No. 3, p. 14, ofreciendo un comentario en el que si bien reconoce las bondades de dicha tribuna, deja intactas sus preferencias literarias e intelectuales, hartamente disímiles a las de aquélla. Un modelo de escritura que hoy sólo he visto reproducido en uno de los últimos trabajos públicos del crítico Ariel Castillo Mier.
NOTA:
(1) En respuesta al artículo de Eduardo Bermúdez Barrera, "Voces y la mitomanía sobre el Sabio Catalán", el cual discutí con él antes de entrar en circulación.
BIBLIOGRAFÍA
--BACCA, Ramón Illán. Escribir en Barranquilla. Barranquilla: Ediciones Uninorte, 1999.
--BERMÚDEZ BARRERA, Eduardo. "Voces y la mitomanía sobre el Sabio Catalán". Barranquilla, Junio de 2003.
--BLANCO, Julio Enrique. "Diálogo sobre Haeckel: Juicio crítico sobre el célebre profesor". En: Revista Universidad de Antioquia. Medellín. (My, 1938); p. 505-538. (Reconstrucción de una tertulia sobre este tema en la que también intervienen Ramón Vinyes, Gonzalo Carbonell, Enrique Restrepo y Antonio Luis McCausland. En ella se observa que Vinyes participa como una especie de moderador y sin tocar directamente el asunto tratado en la discusión).
--CANDIL, Fray. A fuego lento. En: Biblioteca de Autores Cubanos 31. La Habana: La Universidad, 1965.
--DEL CASTILLO MARTÍNEZ, Adalberto. Eslabones. Barranquilla: Civilización, 1953.
--GILARD, Jacques. "Ramón Vinyes y la temática del exilio". En: El Heraldo. Revista Dominical. Barranquilla. (7, Feb, 1988).
--GÓMEZ DE CASTRO. "El tonel de Diógenes". En: Revista Civilización. Barranquilla.(30, Jun, 1926); No. 13.
--INSIGNARES DEL CASTILLO, Rodolfo. Dimensión histórica, cultural y literaria de la revista Civilización. En: Revista Cátedra GGM. Barranquilla: Escuela Normal Superior La Hacienda. (Ago, 2001); No. 3.
--Voces. En: Revista Cátedra GGM. Barranquilla : ENSH. (Sep, 2000); No. 2.
--LOAIZA CANO, Gilberto. "Voces de vanguardia" (1917-1920). En: Huellas. Barranquilla. (Abr-Ago, 1995); No. 50.
--NÚÑEZ MADACHI, Julio. Correspondencia filosófica 1917-1966: Julio Enrique Blanco y Luis López de Mesa. Barranquilla: Uninorte, 1987.
--Periodismo y modernidad en la costa Atlántica. En: Revista Cátedra GGM. Barranquilla: ENSH. (Sep, 2000); No. 2.
--SALDÍVAR, Dasso. García Márquez : El viaje a la semilla, la biografía. Madrid: Alfaguara, 1997.
--SINNING PÉREZ, Katia y GÓMEZ CASTELLANOS, Anderson. Ramón Vinyez I Cluet. En: Revista Voces de La Hacienda. Barranquilla : ENSH. (Jun 2003); No. 2.
--UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA. Diálogo sobre Haeckel : Juicio crítico sobre el célebre profesor. Especial para la Universidad de Antioquia. p. 505-538. (Reconstrucción de una tertulia sobre este tema realizada por Julio Enrique Blanco y en la que también participan Ramón Vinyes, Gonzalo Carbonell, Enrique Restrepo y Antonio Luis McCausland).
--VARGAS HERNÁNDEZ, Francisco. Historia de la Escuela Normal Superior La Hacienda. Reseñas varias.
--VARGAS, Germán. Voces (1917-1920) : Selección de textos. Bogotá : Instituto Colombiano de Cultura, 1977.
. Ramón Vinyes (1980). En: Sobre literatura colombiana. Bogotá : Fundación Simón y Lola Guberek, 1985.
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© Rodolfo Insignares
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IV - Número 14
Julio-Agosto-Septiembre de 2003
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
Rodolfo Insignares Del Castillo
Profesor Escuela Normal Superior La Hacienda
Barranquilla - Colombia
D esmitificar la figura de Ramón Vinyes en la cultura local es una cosa y minimizar su importancia es otra. Comenzando porque la frase acuñada por algunos historiadores para referirse a Voces, "la revista de Vinyes", no es totalmente incorrecta. Si bien es cierto que Julio Enrique Blanco y Enrique Restrepo "atendían en aquella el matiz sesudo y filosófico", según lo expresa Julio Gómez De Castro en 1926; y que en torno a ellos se agrupaban Gonzalo Carbonell, Antonio Luis McCausland y otros amantes de tales temáticas --aunque no escribiesen algo significativo en Voces--, no es menos cierto que en la práctica Vinyes fungía como su director, coordinador, editor, o como quieran llamarlo, aun cuando por razones personales o de nacionalidad no exhibiera ninguno de esos rótulos. Pero era la voz cantante en el tejemaneje, configurando globalmente la obra y preocupándose del ritmo de producción, el nivel de las publicaciones y el perfil de la tribuna. Y conste que no estamos hablando aquí de la función tipográfica, porque ése no es el asunto, y bien sabido es que Hipólito Pereira (Héctor Parias) fue el encargado de este frente hacia la época final de ese "cuaderno, simpático por su permanente inquietud y por su demoledora locuacidad"; y que Julio Gómez de Castro coordinó la composición y reproducción en la primera época y es reconocido además por "haber cristalizado la idea de la revista en el marco del palique". De allí que en justicia a Pereira y De Castro se les llame directores protocolarios.
Mas el director, coordinador o editor en ejercicio de una revista intelectual es quien busca, recibe y selecciona material idóneo; quien rastrea el recorrido de su trabajo una vez entra en circulación e incita a sus mejores aportantes a que prosigan remitiéndole y manteniendo o superando el nivel de sus escritos precedentes. La comunicación de Vinyes a Blanco, citada por Eduardo Bermúdez en su candente artículo, simplemente muestra la actitud del editor que se inquieta por saber en qué anda uno de sus colaboradores estrella; que indaga por su actual producción y hasta lo lisonjea para elevarle su autoestima --"escríbame sobre sus estudios, ya que usted es el único de todos nosotros que conserva encendida la lámpara"--. Por tanto, desconocer la importancia de Vinyes en Voces no sería un exabrupto pero sí una injusticia histórica que debemos evitar a toda costa.
Porque en el supuesto de que una nueva leyenda estuviere acunándose y amenazando con reemplazar a otra, nos preguntaríamos: ¿Sin editores de la condición de Vinyes, se darían colaboradores estrella? ¿Sin la atención e insistencia de Vinyes, se habría logrado que Blanco publicara con la asiduidad y notoriedad como lo hizo en Voces? ¿Sin la intervención de Vinyes --tal como lo relatan Julio Núñez Madachi, Germán Vargas Cantillo y Ramón Illán Bacca--, habría podido salir Blanco de la postración anímica en que lo sumieron las burlas de que fue objeto por sus artículos filosóficos? Por cierto, ¿quién le comunicó al filósofo la noticia del comentario favorable que le hizo José Ingenieros a su artículo en la revista de Buenos Aires?... Y haciendo avanzar el tiempo: ¿Sin Vinyes, GGM se habría recuperado del despiadado rechazo del crítico argentino Guillermo De Torre a su primera novela? ¿Quién le corrigió párrafo por párrafo La Hojarasca luego de esa fatídica carta en la que De Torre le aconseja al futuro Nobel olvidarse de ser escritor?
Es evidente que Voces no es solamente literaria sino también filosófica, aunque no pocos historiadores y críticos --no creo que de manera intencionada o "impune"-- hayan pasado por alto este irrebatible hecho; pero también es evidente que el trabajo literario montado y dirigido por Vinyes fue el que generó el impacto inmediato y directo en la ciudad y por eso se ha constituido en el principal atractivo de Voces más allá de su tiempo. No podría esperarse algo distinto; porque pronunciarse con nombre propio en contra de Antonio Gómez Restrepo, cuestionándole que lo llamaran El príncipe de la crítica colombiana tan sólo --según Vinyes-- por hacer crítica de obras ya criticadas cientos de veces, o contra Max Grillo, emblema del teatro nacional, o contra Tomás Carrasquilla, Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro --nuestros máximos exponentes literarios de finales del siglo XIX e inicios del XX--; y pronunciarse así en un momento político tan álgido en el que tales nombres eran reverenciados por la sociedad colombiana, no podía granjearle sino animadversiones y vituperios al catalán; los mismos que igualmente le granjearon sus traducciones de escritores ingleses y franceses de avanzada, los cuales constituían una seria amenaza para el ordenamiento imperante, recordando que para Miguel Antonio Caro y los conservadores de esos tiempos, la literatura que debía conocerse y estudiarse era la que contribuía a preservar la moral y el espíritu católico. Y muchos de tales escritores eran protestantes y/o de tendencias liberales, sin mencionar a los temidos y odiados masones. En el caso de Chesterton, el gran modelo de Vinyes, es quien inicia en Inglaterra la literatura irreverente, mordaz y satírica, enfrentando con ésta, y de algún modo resquebrajando, los sólidos esquemas victorianos. Por ende, las traducciones del catalán fueron consideradas atentatorias en dicho momento y de ahí la posición final de la Curia frente a Voces, posición que anecdótica y magistralmente registra Vargas Cantillo en su libro clásico: "Perdónenme la cobardía que me embarga y que me impide consignar el adjetivo calificador: ¡No manden más la revista!".
Por el contrario, no me atrevería a considerar tan amenazadores los aportes de Blanco y Restrepo, pues si bien éstos trabajaban pensadores franceses, alemanes e ingleses --más próximos al ateísmo--, "afortunadamente" para dicho ordenamiento aquí nadie los entendía. (Aunque hay cierto testimonio de una confrontación casi física entre los filósofos y el padre Revollo).
Pero aparte de editor y traductor, Vinyes cumplía una función pedagógica en la ciudad; tanto a través de Voces y otros medios escritos posteriores, como directamente con los jóvenes en cafeterías o librerías o en el aula. A propósito, pareciere existir un error en el recuento histórico de Vinyes en Barranquilla; desde Gilard, al menos, todos citan que el catalán dictaba clases en un colegio de señoritas. Esto habría que revisarlo con mayor cuidado, porque hemos encontrado su fotografía como profesor en los archivos de la Escuela Normal Superior La Hacienda de 1948, institución que para la época responde al nombre de Escuela Normal para Varones del Litoral Atlántico. Sucede --y creo que allí podría estribar el generalizado error si acaso lo es-- que esta última entidad, según los datos del historiador Francisco Vargas Hernández, "funcionó de 1919 a 1932 en las instalaciones ubicadas en lo que actualmente corresponde a predios del Colegio Barranquilla para Señoritas".
De cualquier manera, el descubrimiento de Vinyes en el pasado de La Hacienda nos impulsó a indagar más sobre su trabajo pedagógico y por ello los estudiantes Katia Sinning Pérez y Anderson Gómez Castellanos, del Ciclo Complementario, contactaron a un alumno suyo que nos ha informado sobre el tipo de enseñanza flexible que aquél desarrollaba y sobre otros aspectos enaltecedores de su figura como maestro, destacando, en particular, que sus pupilos se disputaban los primeros asientos del salón para escuchar mejor sus clases, situación característica que no ocurría entonces con ningún otro docente; e igualmente que su didáctica era de estilo conversatorio y sus evaluaciones bastante flexibles, en una época en donde la flexibilidad de la enseñanza en nuestro medio era apenas un rumor.
Mas esto último no sería muy nuevo, porque Alfredo De la Espriella ya ha señalado al ibérico como un "excelente profesor"; pero nos sirve lo tratado para apuntalar que además de editor o director en las sombras de la revista Voces, y de traductor e introductor de la literatura europea de vanguardia en Barranquilla y Colombia, Vinyes también debe ser reconocido y ponderado como pedagogo, función que todavía no ha sido detallada prolijamente en sus marcos formales, aunque sí con referencia el Grupo Barranquilla; porque, entre otras cosas, un políglota, fundamentado y culto personaje que orienta las lecturas de jóvenes y promueve conversaciones temáticas dentro y fuera del aula, y quien en el contexto de una escolaridad surcada por la rigidez prefiere hacer fluir en ellos el conocimiento antes que el rendimiento o la disciplina, no puede llamarse de otra manera. Que la figura de Ramón Vinyes no alcance a consolidarse como personaje en la trama de Cien años de soledad no significa nada. En diversas instancias públicas y privadas GGM ha rendido tributo a la orientación recibida del maestro, al que sin mayores pretensiones lingüísticas, pero sí metafóricas, llamó "el viejo que había leído todos los libros".
Si Julio Enrique Blanco o Enrique Restrepo sabían de filosofía y él no --como ciertamente lo confirman diversos testimonios y documentos--, no es tan relevante para eclipsar la representatividad de Vinyes en la revista de 1917/1920. De hecho, el trabajo filosófico en Voces, desde el punto de vista de la trascendencia de su contenido, no tendría incidencia alguna en la ciudad y país sino hasta los años ochenta, cuando dos jóvenes estudiantes de filosofía de la Universidad Metropolitana, Eduardo Bermúdez Barrera y Julio Núñez Madachi, por voluntad propia y con gran entusiasmo, abordan al octogenario filósofo fundador de la Universidad del Atlántico e inician así el proceso de redescubrimiento que tantos frutos ha rendido y seguirá rindiendo, especialmente con la Universidad del Norte, la Universidad del Atlántico y El Heraldo, de paso causando asombro entre no pocos especialistas nacionales y extranjeros; que Blanco debatiera y escribiera críticamente sobre Kant, Haeckel, Poincaré, Bergson, Herbart, Husserl, previa lectura en idioma original, y que intentase resolver los problemas de la filosofía de la ciencia de la época y estuviese por ello a la par de la cultura filosófica y científica europea, es un fenómeno sorprendente que obliga a recomponer la historia de la filosofía en Colombia y Latinoamérica, como ya está ocurriendo; mas no necesariamente, en procura de tal finalidad, oscureciendo los aportes de Ramón Vinyes en otros tantos frentes de la cultura y la educación.
Por ende, y aun cuando es muy saludable que se abra la polémica respecto a Voces y surjan así nuevas perspectivas en torno a este patrimonio cultural barranquillero --perspectivas que habrán de incrementarse con el correr del tiempo por la notable contribución de la Universidad del Norte al reeditar dicha revista--, recomiendo amablemente se evite la tentación de desconocer pergaminos en procura de resaltar otros, tal como le fueron desconocidos socialmente a Julio Enrique Blanco, muy a pesar de que El Heraldo y la Universidad Pontificia Bolivariana, principalmente, se constituyesen en receptores y divulgadores de su trabajo desde mediados de siglo anterior.
Si no se le debe llamar "sabio" porque no manejó la filosofía de la ciencia o porque tenía baches en la cultura científica, pues llamémoslo de otro modo y sanseacabó. Pero no considero que haya mitomanía o afirmaciones "impunes" porque no pocos historiadores se hayan dejado encandilar por una figura del género, en torno a la cual todos quienes lo conocieron coinciden en que era definitivamente magnética; tanto por la forma como socializaba sus conocimientos y por estos mismos, como por los restantes atributos de su personalidad cultural y social. Valga la pena rememorar las palabras con que Enrique Restrepo informaba sobre los motivos de su invitación a Vinyes a las tertulias en las que servía de anfitrión, desde la primera vez que lo escuchó hablar con los clientes de su librería Vinyes Auqué Ltda.; palabras que han quedado registradas para la historia y han sido publicadas en distintas fuentes.
Coincidiré, por supuesto, y porque lo he escrito también, en que la relación Vinyes/Grupo Voces no es la misma relación Vinyes Grupo Barranquilla; en que la personalidad intelectual del catalán es distinta y casi antagónica a las de Blanco y Restrepo; en que al llegar en 1914 a Barranquilla, Vinyes no era el único individuo culto en ésta y tampoco quien nos quitó el taparrabo --a pesar de lo escrito por Fray Candil--; y en que, de buena fe, o por falta de acuciosidad, los historiadores cometieron deslices asignándole a Vinyes la autoría de artículos no firmados en Voces.
Pero hay otros muchos aspectos de extraordinaria riqueza por estudiar, sin querer decir que la insistencia en el perfil filosófico de Voces no sea importante; por ejemplo, el estilo de escritura del catalán no ha sido trabajado a fondo en la ciudad, si bien se localiza con relativa facilidad buena parte de su notable volumen de producción, y por lo que, además de editor, traductor, innovador y pedagogo, también debe ser admitido entre los escritores estrella de "su" propia revista y mucho más allá de la misma; en especial identificándolo como experimentador público de la palabra escrita, un señalamiento ya establecido por el "mitómano mayor", Jacques Gilard, en atención a la diversidad de formatos con los que aquél laboraba, que podría también ser uno de los motivos de la dificultad para identificar determinados artículos suyos que aparecieron sin firma o bajo seudónimo en Voces y otros medios. (No olvidemos la inocentada aquella de Vinyes a Francisco Pardo Fuenmayor, "Paco Lince", enviándole un mensaje escrito en el que se hacía pasar por Vargas Vila, y aquél creyéndoselo).
Hasta donde mi modesta sensibilidad me lo ha permitido, este políglota, librero, dramaturgo, teatrero poco reconocido como tal en su país --a lo mejor sólo mencionado por la Enciclopedia Espasa o por la biblioteca de Barcelona que hoy lleva su nombre--, aprendió a manejar como maestro el esquema de las "dos lenguas", es decir, a escribir simultáneamente con dos sentidos diferentes para darle contentillo a unos y a otros cuando la ocasión lo ameritaba o se veía forzado, pretendiendo, de esta forma, no comprometerse tan peligrosamente como lo hizo durante su primera y conflictiva época en Barranquilla, ciudad de la que saldría disparado hacia España por el calificativo de "extranjero indeseable" que le endilgó el gobierno local, o por el incendio aparentemente accidental de su librería, o por los amagos de tragedia que ya se insinuaban y los cuales cristalizaron en octubre 15 de 1925 con el asesinato de Pedro Pastor Consuegra a manos de Héctor Parias en el teatro Cisneros.
Por cierto, recordaremos que mientras Julio Enrique Blanco se refugiaba en sus negocios de familia y con justificada razón iba fraguando el concepto y la actitud del "intelectual solitario"; y que mientras Enrique Restrepo preparaba maletas para largarse de ésta y no regresar jamás, Ramón Vinyes soportó con mayor rigor el encono generado por su osadía cultural. Pero aún así, siguió insistiendo en su función comunitaria, contestataria, pues al año siguiente del fallecimiento de Voces, reaparecería en el diario La Nación junto con Clemente Manuel Zabala y otros bajo la combativa bandera enarbolada por Pedro Pastor Consuegra. En dicha tribuna insistiría y contribuiría con sus aportes a la renovación intelectual del periodismo local y nacional, tal como de modo amplio y detallado lo expone Julio Núñez Madachi en "Periodismo y modernidad en la Costa Atlántica".
Y regresando al pintoresco asunto de las "dos lenguas", ya para finalizar lo presente, recogeremos la respuesta dada por Vinyes a la solicitud de opinión que le fue cursada sobre la propuesta de Luis Felipe Pineda de coronar al poeta Miguel Moreno De Alba. Al respecto escribe el ibérico: "Adalberto Del Castillo glosa la idea y pide concepto a sus camaradas del equipo intelectual de la ciudad. Por hallarme ahora entre los camaradas del equipo --esta vez juego en el centro--, no me inhibo de dar la opinión que se me pide ...". Y concluye manifestando que el mejor homenaje que se le puede hacer al poeta Moreno de Alba es editarle, por cuenta de la administración departamental, su amplia y dispersa producción.
Pero en particular, la idea precedente, cuando en su columna de El Heraldo, "Reloj de Torre", se refiere a los 15 años de vida de la revista Civilización en 1950 tal como se reproduce e ilustra en Cátedra GGM No. 3, p. 14, ofreciendo un comentario en el que si bien reconoce las bondades de dicha tribuna, deja intactas sus preferencias literarias e intelectuales, hartamente disímiles a las de aquélla. Un modelo de escritura que hoy sólo he visto reproducido en uno de los últimos trabajos públicos del crítico Ariel Castillo Mier.
NOTA:
(1) En respuesta al artículo de Eduardo Bermúdez Barrera, "Voces y la mitomanía sobre el Sabio Catalán", el cual discutí con él antes de entrar en circulación.
BIBLIOGRAFÍA
--BACCA, Ramón Illán. Escribir en Barranquilla. Barranquilla: Ediciones Uninorte, 1999.
--BERMÚDEZ BARRERA, Eduardo. "Voces y la mitomanía sobre el Sabio Catalán". Barranquilla, Junio de 2003.
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--DEL CASTILLO MARTÍNEZ, Adalberto. Eslabones. Barranquilla: Civilización, 1953.
--GILARD, Jacques. "Ramón Vinyes y la temática del exilio". En: El Heraldo. Revista Dominical. Barranquilla. (7, Feb, 1988).
--GÓMEZ DE CASTRO. "El tonel de Diógenes". En: Revista Civilización. Barranquilla.(30, Jun, 1926); No. 13.
--INSIGNARES DEL CASTILLO, Rodolfo. Dimensión histórica, cultural y literaria de la revista Civilización. En: Revista Cátedra GGM. Barranquilla: Escuela Normal Superior La Hacienda. (Ago, 2001); No. 3.
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--NÚÑEZ MADACHI, Julio. Correspondencia filosófica 1917-1966: Julio Enrique Blanco y Luis López de Mesa. Barranquilla: Uninorte, 1987.
--Periodismo y modernidad en la costa Atlántica. En: Revista Cátedra GGM. Barranquilla: ENSH. (Sep, 2000); No. 2.
--SALDÍVAR, Dasso. García Márquez : El viaje a la semilla, la biografía. Madrid: Alfaguara, 1997.
--SINNING PÉREZ, Katia y GÓMEZ CASTELLANOS, Anderson. Ramón Vinyez I Cluet. En: Revista Voces de La Hacienda. Barranquilla : ENSH. (Jun 2003); No. 2.
--UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA. Diálogo sobre Haeckel : Juicio crítico sobre el célebre profesor. Especial para la Universidad de Antioquia. p. 505-538. (Reconstrucción de una tertulia sobre este tema realizada por Julio Enrique Blanco y en la que también participan Ramón Vinyes, Gonzalo Carbonell, Enrique Restrepo y Antonio Luis McCausland).
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--VARGAS, Germán. Voces (1917-1920) : Selección de textos. Bogotá : Instituto Colombiano de Cultura, 1977.
. Ramón Vinyes (1980). En: Sobre literatura colombiana. Bogotá : Fundación Simón y Lola Guberek, 1985.
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© Rodolfo Insignares
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Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IV - Número 14
Julio-Agosto-Septiembre de 2003
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